Durante el otoño de 2025, los acuarelistas residentes en Catalunya no podíamos imaginar un inicio de curso más estimulante. Nuestra agrupación, que como ya sabéis es la segunda más antigua del mundo —después de la londinense— fue la encargada de organizar el simposium europeo ECWS 2025, de forma que una representativa muestra de sus acuarelistas visitó Barcelona durante una semana hacia mediados de octubre.
El comité encargado tuvo el acierto de concentrar buena parte de las actividades en el singular recinto del Poble Espanyol, situado en Montjuich, lo que facilitaba la cercanía entre artistas, además de promover una jornada pictòrica en vivo por las callejuelas de Sitges, luminosa población marinera.
Como era previsible, en el apartado de las demostraciones a
cargo de
expertos, se optó por los perfiles renovadores, como suele suceder en
esta clase de eventos. De este modo, los presentes pudimos disfrutar las
experiencias de artistas de la talla de Teresa Jordà, Anet Duncan, Rosa M.
Permanyer, Esperanza García, Joan Coch, Cesc Farré y Nono García, que
despertaron considerable interés entre todos los asistentes, siempre bajo la atenta mirada de J.A. Espinosa de los Monteros, presidente de la A.A.Catalunya.
Para no perder el sentido de la realidad no quedaba más remedio que aceptar, con toda serenidad y el mejor ánimo deportivo posible, todas aquellas tendencias que no se cuentan entre mis preferidas.
Entre ellas, sin embargo, las únicas que llegan a producirme cierto desasosiego son aquellas que acentúan los aspectos inesperados en los resultados, que a veces rozan o entran de lleno en el terreno resbaladizo de lo aleatorio, que además se vive de modo lúdico, en línea con las prioridades sociológicas actuales: entretener, en incesante busca del espectáculo.
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Con las 150 acuarelas europeas se organizó una magna exposición, que se pudo admirar en la nueva ubicación de la Llotja, otra entidad artística de larga historia en la ciudad de Barcelona. El nivel artístico del conjunto era alto, muy colorista, de una creatividad difícil de superar y una estética de amplio espectro, que expresa la gran vitalidad que goza actualmente la acuarela en toda Europa, siempre abierta a todo tipo de lenguajes pictóricos.

Seguramente por una mera casualidad, casi para las mismas fechas del Simposium estaban convocados dos prestigiosos certámenes de acuarela. El primero de ellos en Vinarós, en memoria de G. Puig Roda, mientras que el segundo tendría lugar en Crevillente, en honor a Julio Quesada. En ambos casos, pese a algunas reservas iniciales me convencieron para participar.
En ambos casos opté por un tema parecido, algo complejo pero siempre grato para mí por simples motivos profesionales y personales: el espacio modernista del atrio del Hospital de Sant Pau, donde hice mi especialidad médica y nacieron mis hijos. Y éstas fueron las obras presentadas, ambas de 70x100 cm de tamaño.
En el primer caso, en el certamen Puig Roda de Vinarós mi obra fue reconocida con el premio del público, mientras que en el segundo, en el Julio Quesada de Crevillente, recibió el premio de la AEPE, acrónimo de la prestigiosa asociación española de pintores y escultores, compensando así con creces el trabajo realizado.
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(Este post se ha dividido en dos partes. La segunda se publicará en breve).






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